En pleno barrio de salamanca han abierto otro sitio de churros. Se llama Chirusa y el propietario, Marcos Gilligan, es argentino. Es un concepto de churros diferentes, masas con harinas distintas, porque utilizan una harina ecológica de trigo duro (Kamuto o Khorasan) que no absorbe nada de aceite y esto hace que los churros resulten muy muy ligeros. El nombre de tango argentino «chirusa». Aquí todo es sostenible, a lo que se une el uso de productos veganos. Marcos utiliza freidoras eléctricas y modernas de alto rendimiento para que los churros sean más sanos y nada indigestos. Esto se traduce en un 30 por ciento menos de aceite
El local es muy pequeño y solo tiene un mostrador donde tiene los tubos/botes con las 5 cremas/salsas de distintos sabores que puedes añadirle a tus churros: chocolate blanco, dulce de leche, pistacho, golden peanuts, chocolate rosa. También lo novedoso es la oferta vegana que ofrece.
Si los tomas in situ (en el local de al lado con el que tiene un acuerdo donde sirven burgers veganas) te dan unas macetitas de colores con la crema y puedes mojarlos en chocolate belga a la taza con leche, al que tampoco agrega almidón ni espesantes y durante el verano gustó el chocolate “frozen”, con una base de helado vegano y cacao rojizo de Camerún, o café, pero si son para llevar los empaquetan en una caja de cartón con una terrina con tapa donde va la salsa. Las raciones son de 6 churros (aunque a mi me pusieron 8) (2,50€/6 un.) y los dips/salsas (0,50€).
También tiene una oferta de bebidas bio, de Wostok Berlín (de granada y dátiles; arándanos y salvia, jengibre y romero…) y la limonada y la naranjada, de Mama, con unos colores muy llamativos. Y pronto en su carta estarán los smoothies de frutas amazónicas, como el de pulpa de cupuaçu. Castelló, 5.

Valoración

7/10

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