El motivo de venir aquí es que teníamos poco tiempo para la comida y tenía que ser cerca del hospital en el que estábamos. Así que elegí este sitio por lo que tiene de curioso y original. Es como adentrarse en esos cafés que hay en parís o Londres de pronto en una librería, en un museo (como es el caso) o en cualquier sitio inesperado. Pues aquí en la Fundación March, en la planta sótano, se encuentra este café, que da comidas y desayunos. Es muy acogedor, agradable, tranquilo, con una iluminación tenue que le da un aspecto muy cookie. Perfecto para una comida informal desde tu oficina cercana, o para desayunar también y, por supuesto, para que después de la exposición de rigor, te quedes aquí a tomar algo. Además, en verano, cuenta con su mayor atractivo: un patio/jardín muy agradable.

La mesa está muy detallista con mantel individual y una lamparita con luz baja muy íntima, servilleta de papel, de las buenas pero de papel (pequeño fallo). El servicio fue bueno a cargo de una chica filipina.

La carta es bastante extensa, pensaba que sería más cortita, pero tiene de todo, desde cremas, hasta chuletón, pasando por ensaladas pastas y pescados. Además tiene un menú del día por 17,50€ si lo pides completo o por separado el plato del día (que cambia de L a V) cuesta 12€, la crema del día 3,50€ y el postre 2€. Los sábados sirven Brunch a 17€ muy completo hasta las 16.00h y también hay un desayuno especial por 4,20€. Ofrecen una carta de vinos, aunque muy escueta, con 1 referencia de blanco y otra de tinto en botella, y algo más por copas.

Nosotros pedimos cosas sueltas de la carta y un menú a base de Salmorejo que está riquísimo, con su jamoncito picado pero sin huevo, buena textura y sabor delicioso; y una Carne guisada con patatas en tacos también muy lograda, del menú no se pidió postre. Eso suma entonces 15,50€ y aparte de carta se pidió unas Trigildas (8€) que son unas gildas de 3 cosas distintas (langostino con queso, sardina y cebolleta y boquerón que no tenían) que no valen mucho, el langostino estaba duro y el queso no encaja en este tandem. Y también un Tataki de atún rojo con chutney de tomate y verduritas al horno (22€) que estaba bueno pero no para echar cohetes, un poco reblandecido y demasiado embadurnado de salsa. No pedimos ningún postre. Lo dicho, es un sitio que me gustó a pesar de no tener luz natural y estar en un sótano, resulta muy agradable y la cocina la hacen bien. Pagamos 53,60€ y eramos tres personas. El parking más cercano es el del Hospital del Rosario. Castelló, 77.

Valoración

6,5/10

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