Si te apetece probar un buen pollo este es tu sitio. El tipo de cocina la denominan «Campo & brasas», con esto te puedes hacer una idea de qué va la cosa. Este proyecto nació hace 2 años y desde entonces han estado viajando por Europa viendo y aprendiendo las técnicas de los mejores asadores de pollos hasta dar con su fórmula a base de la brasa. En Cakareo se quiere poner en valor el producto del campo y de la huerta, y así es como su carta se compone principalmente de verduras utilizadas separadamente o como guarnición de los pollos. También la carta ofrece 2 hamburguesas y, por supuesto, los pollos, medio o entero. Aquí solo tienen un horno de carbón y un asador de pollos al carbón (un josper), con lo cual todas las elaboraciones salen de ahí. Hay en carta una Tortilla «coulant» (7,50€) que se llama así porque es precisamente como el coulant de chocolate, solo que en este caso, cuando la abres, lo que sale es huevo semi líquido y patata, en vez de chocolate. Esta tortilla es tipo molde de unos 8 cm de diámetro y unos 5 cm de altura/espesor, está muy buena pero tu paladar se tiene que acostumbrar a un sabor diferente a lo que estamos acostumbrados porque es ligeramente ahumada. También pedimos 1/2 pollo al carbón (15€) que está magníficamente hecho, parece que la piel está carbonizada, pero no es así, es como debe estar; yo lo pedí acompañado de Salsa especial (2,50) que es una salsa a base de nata y el jugo del pollo; si no pides ninguna salsa adicional y te lo comes con la propia del pollo no tiene coste, y las otras salsas que hay (Mojo, Romesco, Ranchera, etc.) tienen un coste de 1,50€. Pedimos unos Pimientos a la brasa (3,90€) para acompañar el pollo que estaban muy buenos también. Su postre estrella es una piña al carbón también pero no la pedimos, no pedimos postre porque no me apetecieron mucho; los postres son mejorables; el pan también es mejorable, está reblandecido, parece congelado. Salimos a 19,45€ por persona sin vino; solucionas una comida casi más barato que si comieras en casa.El local es muy luminoso, amplio, pero muy muy ruidoso. Tiene una terraza para verano sin techo ni cobertura ninguna. Las mesas informales vestidas con servilleta de papel, incómodo cuando estás comiendo un pollo que, si lo coges con los dedos, cualquier servilleta de papel es insuficiente. Es un sitio perfecto para una comida familiar, para ir con niños o con amigos y más para comer que para cenar.El servicio fue muy mediocre, la chica que nos atendió primero se olvidó literalmente de nosotros y nunca más nos trajo la bebida que le pedimos ni nada de nada. Luego ya nos atendió un chico, al que buscamos y llamamos, y mejor, aún así no entiendo que te traigan la tortilla en una mano y no traigan el pan pegado en la otra, y lo tengas que pedir. El parking más cercano está en Edgar Neville. Raimundo Fernández Villaverde, 50.

Valoración

Comida 7/10 – Servicio 5/10

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