Tenía apuntado este sitio recomendado por alguien que no recuerdo, pero no me pareció nada como para echar cohetes. Una pena porque el concepto para una comida informal en terraza a base de pichos, tostas y raciones es bueno, pero comí muy regular. Además el camarero era muy antipático y además tuve un problema con 2 chicas que se pusieron a fumar en la mesa de al lado en la terraza, cuando está prohibido por el Covid. Todas estas circunstancias hacen que no ayude a que la experiencia culinaria sea óptima. Para comer pedimos: Risotto de boletus (14,90€) que viene en una cazuelita de buena cantidad que estaba pasable; Crêpe de pato pekin (4,60€) con su salsa de ostra, estaba bueno el pato pero la crêpe ligeramente tiesa; Tosta sardina ahumada con salmorejo (4,50€) que estaba rica, aunque no es algo que tenga ningún misterio; Tosta de jamón ibérico y salmorejo (4€) estaba muy buena porque el jamón era de buena calidad pero tampoco conlleva ninguna elaboración complicada; Langostinos crujientes  con mayonesa de sésamo (3,90€/2un.) que no me gustaron, los langostinos estaban blandengues, no crujientes, y no funciona nada bien con esa mayonesa que no nos gustó. Además de las salsas que acompañan a cada plato, se empeñan en bañar tu plato con el vinagre de Módena, manía que afortunadamente ya ha desaparecido de casi todas partes. De postre pedimos una Tarta Tatin (5,60€) que era muy muy floja. Gral. Alvárez de Castro, 20.

Valoración

5.5/10   €/€€€€

¿Dónde está?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *