¡qué grata sorpresa!; pues sí. Un restaurante jóven, ágil, rápido y organizado. Te sorprende la elaboración de todos y cada uno de los platos, a cual más rico. Es como un Michelín pero sin estrella y sin esos precios. Todo deconstruido, desestructurado y con sabores que te sorprenden. Aparta el concepto de un primero, un segundo y un postre y pide un poco de todo. Grandes sabores en pequeñas raciones. Recomiendo el huevo trufado, el salmorejo con helado de queso parmesano, el tartar de salmón con salsa de mango, entre otros. De beber no olvides pedir el «distinto de verano» versión muy rica y original del tinto de verano. Y los postres: Leche con galletas, ahhh pero no te creas que lo sabes todo de la leche… ¡déjate sorprender! y exquisita la espuma de limón (blanco limón se llama el postre). De los fondos y debajo surgen sabores ocultos en forma de helados, espumas, etc. No te voy a desvelar nada más. Ven y prueba todo. Yo volveré a seguir probrando. Excelente relación calidad-precio. El servicio es casi inmediato, el local distribuido en 2 zonas mantiene unas antiguas columnas y techos de viga vista bonito, tiene también una pequeña zona de barra muy llena. Dispone de otro local en Las Tablas. Manuela Malasaña, 10.

8/10           €/€€€€    Post en IG

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