Es un bar/botillería o un Café, como lo quieres ver, de toda la vida; bueno de casi toda la vida aunque sí de toda MI VIDA.  Se abrió en 1979 y se mantiene tal cual, con esos techos estucados, la barra de madera con los taburetes de época y esas columnas de hierro tan bonitas que se repiten en todos los locales de Malasaña. Lo veo más para una merienda o un café de media tarde que para un aperitivo porque no tiene pinchos ni tapas propias de un aperitivo. Dispone de una escueta carta de ensaladas, conservas y tostas. Me encantan esas mesas de patas de hierro con sobre de mármol también clásicas de la época. La puerta y ventana que dan a fachada tienen los cristales ahumados con dibujo de época y la fachada de madera es preciosa. ¡cómo me gustan estos bares antiguos!. Tiene la peculiaridad de que cuenta con unas estanterías llenas de juegos de mesa y allí estaba la gente jugando al trivial y al monopoli. Nos pedimos una lata de espárragos gordísimos de Navarra exquisitos y un batido de vainilla que descubrimos que las pajitas las tienen marcadas con el nombre del local. Puedes aparcar en el parking de la C/ San Andrés. San Vicente Ferrer, 29.

Valoración

7.5/10

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