Venir aquí es dar una vueltecita por el mundo, desde Filipinas a Argentina, pasando por Turín o eslovaquia; hasta por 18 lugares distintos y dentro de España también ofrece platos de varias provincias. La carta la van cambiando a menudo, quitan unos platos e introducen otros aunque hay algunos fijos que nunca desaparecerán.

Los dueños (un matrimonio de mediana edad) tenían un local en la zona gastro que hubo en el mercado de prosperidad pero, con la pandemia, aquello no terminó de despegar y cerraron el puesto que tenían.  Ellos, animados y con el afán de hacer lo que les gusta, cocinar, cogieron este local que ya era un restaurante gallego y en el cual no tuvieron que invertir mucho porque no fue necesario reformar y así fue como empezaron con este concepto bastante novedoso, por lo que abarca de fusiones.

El local es sencillo, muy grande, con grandes ventanales a la calle, sin zonas oscuras porque además es de esquina, una gran barra y todo mesas altas. Concepto de local muy joven e informal, perfecto para un afterwork o una comida rápida o un aperitivo.

La mesa es informal con manteles individuales y servilleta de papel.

El servicio fue magnífico, teníamos a una chica encantadora a nuestro servicio y luego vino la dueña a charlar un rato, lo que a mi me gusta de conocer sitios nuevos.

Os cuento sobre la comida. De aperitivo trajeron unas aceitunas y unas tartaletas de bonito toque cítrico y trocitos de manzana que estaba buenísima. Este sitio se presta a pedir todo platillos para compartir y eso hicimos: Kukugilda (4,50€) una interpretación de la clásica gilda vasca con huevito de codorniz y alcachofa ¡riquísima!; Hojaldre de txistorra (4,50€) es un pedacito de chistorra envuelta en hojaldre, estaba regular porque el hojaldre estaba crudo por debajo que es el error más común del hojaldre;  Ensaladilla vasca (9€) que en sí no vale mucho porque es pura patata triturada y atun, pero la piparra y la anchoa que lleva por encima le dan un gran toque y toda la gracia; Lumpia (12€) que es un plato típico de filipinas y no es más que una masa como de buñuelo rellena de carne, gambón y verdura, mezcla curiosa -mar y montaña- pero no me dice nada la verdad y además me parece caro, viene acompañado de una salsa agridulce; Mollete de pastrami (14€) no está nada conseguido, el pan parece recalentado y está seco y el pastrami no es un pastrami bueno (soy muy fan del pastrami y he probado muchos), además dentro tiene una ensalada de col morada que no funciona con esta mezcla. De postre pedimos una Tarta de manzana (7,50€) que es ligeramente mazacote, pero está muy rica de sabor; los postres se los hace una chica del barrio «los postres de María Antonieta». Pagamos 30,50€ por barba sin vino, tampoco me pareció super barato. Creo que quizás no hayamos probado más a fondo la cocina internacional que ofrecen porque es lo atractivo, pero lo poco que probamos tampoco estaba muy logrado. Hemos pasado varias veces por delante en fin de semana y estaba hasta la bandera lo cual me dio mucha alegría. San Ernesto, 10.

Valoración

Comida 6/10

¿Dónde está?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *