Es el hermano pequeño de «El cacique» y familia de «Top one cacique», pero no tiene nada que ver con este último que me gustó mucho más. Este restaurante está distribuido en dos plantas, reserva tu mesa arriba porque abajo es agobiante (sin ventanas) y huele ligeramente a cloaca (mi olfato es muy fino). El local está vejuno, la cristalería opaca, paredes con desconchones, incluso nuestra mesa estaba rota. Dispone de terraza con estufas en invierno. El servicio fue muy amable, vinieron varias veces a preguntar si todo estaba bien y también resultaron rápidos y eficaces. Un detalle que no me gusta son las servilletas de papel, no lo aguanto. En cuanto a la comida, pedimos de entrantes, unas croquetas que no valian nada, unos tigre en tempura que estaban pasables y unas mini hamburguesas que estaban ricas. En cuanto a los platos principales pedimos un taco de entrecot que estaba totalmente insulso y casi frío y un escalope empanado que estaba mejor y de buen tamaño pero tampoco era excelente; tambien pedimos un tataki de atún que se quedó en el plato porque no valía nada. Los postres estaban pasables. Fuimos por probar un nuevo sitio de carnes que es lo que nos apetecía, pero desde luego no es este el sitio para carnívoros. Al menos resultó barato. Padre Damián, 47.

5,5/10           €/€€€€         

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