Este restaurante al borde del mar pertenece a un Resort de lujo que es una fortaleza, un sitio impresionante; pero nosotros venimos con nuestros amigos al Sea Club a cenar.

El parking está en un alto, de ahí, bajando unas escaleras, llegas adonde te espera un cochecito de golf que te baja hasta la altura del mar donde se ubica el restaurante. En tu recorrido con el buggy pasas varios controles del hotel; sólo puedes pasar con reserva. El acceso es complicado para personas con movilidad reducida.

Está muy bonito puesto con sillas de director muy marineras de rayas anchas azul y blanco. Hay mesas totalmente exteriores (sin sombrilla ni techo) y otras debajo de unas pérgolas con ventiladores.

La mesa muy bien vestida con manelitos individuales, servilleta de tela, cristalería azul portuguesa de Santa Clara y vajilla también en azul y blanco; la vajilla no me gusta.

El servicio fue acorde con el sitio, profesional. La carta es extensísima y toda se antoja.

Pedimos como entrantes a compartir: Chipirones Crujientes con Variación de Aliolis (20€) que fue sin duda lo mejor de la cena; las salsas riquísimas  y los chipirones también; Después pedimos como entrante también una Ensaladilla (24€) a base de palmitos, atún ahumado y pulpo de roca, estaba correcta, me gusta infinitamente más la tradicional; Carpaccio de calabacín (22€) un plato muy pobre y poco sabroso; Coca de gamba (22€) bonita presentación, pero me sobra el pesto, abusan de estas hierbas que borran el sabor de los platos. Como platos principales: Solomillo de añojo (33€) que fue de lo mejor de la cena, buena ración y buen punto; Calamar fresco (31€) con Verduras a la Mallorquina y Alioli de Vino Fino, viene en una cazuela de barro el calamar troceado con las verduras y por encima una capa de aros de cebolla, una elaboración curiosa; Tagliatelle con langostinos picantes al ajillo (26€) que estaban buenos, pero no tienen ningún misterio; Rigatoni (25€) con brócoli, tomates secos, mozzarella y pesto de albahaca, no me gustaron, sólo saben a pesto. Los precios de las pastas son desorbitados, bueno en general todos los precios, pero en especial las pastas. De postre: Tarta fina de manzana con helado de vainilla (11€) de fina tiene poco la tarta, es bastante gordo el hojaldre; Helado de café (9€) una bolita bien presentado con polvo de galleta y una teja; Helado de almendra (9€) igual que el otro; Crema catalana (10€) con fresas, no tenía fresas por ningún lado. He visto que nos invitaron a los postres.

En resumen: Creo que es un sitio de mucho postureo para ver y ser visto pero no ofrece una gran cocina. Está en un sitio precioso, es muy agradable y me gustó conocerlo aunque si lo que quieres es comer de maravilla, no es el sitio. Los precios son desorbitados, no por la cocina, sino por la ubicación. Pagamos 60€ por barba, sin haber cobrado los postres y sin vino. La botella de agua cuesta 7€. Ctra. d’enderrocat, s/n (Cala Blava, MALLORCA).

Valoración

Comida 6,5 /10

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