Venimos a este sitio super recomendado que fue un pluf absoluto. Una decepción y un timo con el pescado. Luego os cuento…

Local en un sitio que no dice nada, en mitad de una calle donde tiene algunas mesas de terraza. La casita donde se ubica el restaurante tiene su gracia. El interior es como una taberna clásica antigua (no en vano data de 1945 con sus posteriores reformas) con muchos cordeles colgando del techo, paredes sin un solo espacio libre, llenas de cuadros y fotos de personalidades. A la entrada mesas y taburetes altos, hacia el fondo un comedor con mesas normales y el patio cubierto donde, por cierto, hacía bastante calor a pesar del aire acondicionado.

El servicio a cargo del actual propietario, Manolo, que ha ido pasando de generación en generación. Cuenta con una gran bodega de la que no pedimos nada porque comimos sin vino.

De aperitivo traen el clásico alioli, pan mediocre y aceitunas; veo incrédula que cobraron por un lado pan y varios para 4 (8,80€) y por otro lado las aceitunas (1,85) y después otra vez pan (1,50€); jamás me han cobrado la repetición de pan ni las aceitunas aparte en un aperitivo, siempre viene todo incluído en concepto «pan/cubierto»; ¡un poco tomadura de pelo!. En la carta en la sección de aperitivos o entrantes hay algunas cosas en las que ofrecen «pequeña», «media» y «ración».

Nuestra comida fue esta: pedimos unos entrantes a compartir: Croquetas de juan (6€/4 un) que son de pollo y jamón, textura regulera y sabor rico aunque poco perceptible; Ensaladilla rusa (4,90€) era la pequeña, viene emplatada en formato molde y estaba buena pero tampoco para echar cohetes; el Calamar de potera (28,90€) a la plancha, troceado y en su propia tinta; es uno de sus platos estrella y es toda una ceromonia la que despliegan para servir el calamar, ¡exagerado!, he de reconocer que fue lo mejor de la comida, pero un poco sobrevalorado por toda la parafernalia y el precio. Como plato principal pedimos un ¡¡¡¡Mero (203€)!!!! para los 4 y aquí sí que nos timaron. 1º porque nos cobraron un precio que no es el que nos dijeron; había mero a 80€/kg y Cap Roig a 95€/kg y al final en el ticket nos marcaron el precio del Cap Roig en vez del precio del mero y, cuando reclamamos, nos dijo «yo dije mero a 95€» pero… ¡NO!, ¡LO DIJO AL REVES!; 2º porque nos dijo que nos iba a poner medio pescado, y ciertamente así fue porque nos quedamos con mucha hambre y ahí no había 1 mero entero; el timo viene porque finalmente nos cobró el mero a 95€/kg en vez de a 80€/kg y, el mero entero en vez de la mitad, que es lo que realmente creemos que nos trajo. Nos cobraron como si nos hubieran puesto 2kilos 150gr, es decir como si cada uno hubiéramos comido 550gr que, aún quitando espina y cabeza, quedaría una ración de 270gr por barba de pescado limpio, que desde luego no fue lo que comimos ¡tomadura de pelo!. Además el pescado no me gustó nada cómo lo trajeron preparado y presentado, en rodajas con todas las espinas. Tenéis que ver el lomo de mero que me comí unos días después en Galicia, eso sí que es una joya y una delicia, y no este mero, seco, con espinas y tremendamente caro. Tan caro que por 2 rodajas de mejor pagamos cada uno 50,75€. Como si me hubiera comido cualquier otro pescado yo solita. De postre pedimos: Gato de almendra (6,20€) es como una tarta de santiago; Crema catalana (5,90€) y Bomba mallorquina (5,90€) que es una ensaimada de crema quemada, este fue el postre más rico y original. también pedimos cafés, dos café bombón (3,80€).

En resumen, es un sitio en el que se come bien, sin grandes alharacas pero con pretensiones. Pagamos 76€ por barba sin vinos… como si hubiéramos ido a comer a Zalacaín ¡lamentable porque no lo vale!. Jamás pidais un pescado que no sea para una sola persona. Plaça Sant Bartomeu, 2 (Ses Salines, MALLORCA).

Valoración

Comida 6,5 /10

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