Vinimos aquí con unos amigos porque era un sitio donde venían a menudo con su padre cuando era gaztelupe (no taberna) antes de la pandemia que debía ser mejor sitio. Es un clásico al que yo nunca había venido.

El local es muy básico, tipo asador y, aunque se ve que lo han reformado, su aspecto sigue siendo anticuado y trasnochado. Al entrar hay una zona con una barra y pasas, a través de una cortina, al comedor, no hay puerta y te pasas toda la comida con una corriente terrible cada vez que abren la puerta. Si vas a venir pide la mesa al fondo a la derecha donde no te dan los vientos de abre y cierra.

La mesa también muy básica en equipamiento de vajilla y cristalería, pero con mantel y servilleta de tela. Respecto al servicio me resultó curioso que eran todos filipinos y un poco pesados, de los que interrumpen mucho tus conversaciones.

Os cuento sobre esta comida para cuatro. Realmente nuestros amigos nos trajeron aquí porque recordaban que los arroces eran buenos. Tienen una carta infinita, pero de verdad que es exagerado lo que tienen; es imposible que todos esos platos salgan buenos de cocina y que ese producto sea fresco, no creo que tengan tanta salida. También la carta incluye varios tipos de arroces

Pedimos unos entrantes a compartir: Steak tartar (25€), lo traen ya emplatado sin preguntar punto de picante ni nada, estaba sin más, nada destacable; una Ensaladilla rusa (12€), tampoco destacable y unos Calamarcitos en salsa bilbaína (17€) que tampoco son a destacar. Me llamó la atención el emplatado, la comida viene en unas fuentes de proporciones desorbitadas que no caben en la mesa, con todo tipo de cosas por encima y por alrededor del platos (lechugas, vinagres, trozos de cosas…), platos absolutamente casposos y pasados de moda. De segundo pedimos 2 tipos de arroz, uno de Ibérico y foie (20€/ración), el foie queda totalmente desdibujado, y el conjunto estaba pasable, pero sin más, y otro arroz de Zamburiña y langostinos (20€), que estaba mejor que el de carne, pero ninguno de los dos arroces eran de capa fina (me gustan mas) ni tenían socarrat y su color era ligeramente amarillento. De postre Tarta de la abuela (6,50€) y Tarta de almendras (6,50€) que es como la tarta de Santiago; los postres trasnochados también. Salimos a 45,50€ por cabeza sin vino, que realmente no es nada cara para lo que pedimos. En resumen es un sitio que se ha quedado absolutamente a la cola gastronómicamente hablando, puede ser válido para una comida familiar de Domingo pero no es para impresionar a nadie. Aviador Zorita, 32.

5/10           €€/€€€€          

¿Dónde está?

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